En el Perú, más de tres mil ajedrecistas federados entrenan cada año sin contar con un apoyo sostenido del Estado. Aunque el llamado “deporte ciencia” ha dado campeones internacionales desde edades muy jóvenes como Deysi Cori, campeona mundial sub-10 en 2004, y Jorge Cori, campeón mundial sub-14 en 2009; su desarrollo depende del esfuerzo personal y familiar de los jugadores. Pese a los logros, la ausencia de una política pública sólida mantiene a esta disciplina casi fuera del radar frente a otros deportes.
Por: Fátima Kuroki
Entre el talento y la falta de oportunidades
Actualmente el ajedrez peruano enfrenta una falta de apoyo histórica de respaldo estatal: el Instituto Peruano del Deporte (IPD) destina menos del 0.5 % de su presupuesto anual al ajedrez, según la Federación Deportiva Peruana de Ajedrez (FDPA, 2023). La mayoría de jugadores debe financiar sus propios viajes, inscripciones y equipos para participar en torneos nacionales e internacionales. En muchos casos, recurren a rifas, clases particulares, polladas o campañas en redes solamente para reunir fondos y poder continuar con sus participaciones e ideales.
En colegios como Saco Oliveros, donde el ajedrez forma parte de la formación académica en primaria, se han formado varios talentos que hoy representan al país. Uno de ellos es Gonzalo Quirhuayo, Maestro Internacional de FIDE y medallista panamericano, quien comenzó a jugar desde muy niño. “El ajedrez siempre fue una forma de pensar distinto”, comenta. “En el colegio era parte del día a día, pero conforme fui creciendo entendí que competir fuera del país era casi imposible sin apoyo económico”.
Quirhuayo representa una realidad común entre los jóvenes ajedrecistas. Aunque el ajedrez peruano ha mostrado su potencial durante décadas, su crecimiento se mantiene prácticamente estancado. A diferencia de disciplinas más mediáticas o populares como el fútbol o el vóley, no cuenta con financiamiento sostenido y carece de becas deportivas que garanticen continuidad.
Según la Federación Deportiva Peruana de Ajedrez (FDPA, 2024), existen más de tres mil jugadores federados en el país. Sin embargo, la mayoría debe cubrir por cuenta propia los gastos de transporte, hospedaje y alimentación durante los torneos, que en el caso de algunos jugadores alcanzan más de S/ 20,000 para competir en varios eventos internacionales. Esta situación obliga a muchos talentos a abandonar la práctica competitiva, no por falta de capacidad, sino por limitaciones económicas que frenan su desarrollo.


Ajedrez peruano sin apoyo ni estructura estatal
El Instituto Peruano del Deporte (IPD) cuenta con el Programa de Apoyo al Deportista (PAD), creado para impulsar a los atletas nacionales. Sin embargo, el ajedrez rara vez figura entre sus prioridades. En 2019, un grupo de ajedrecistas se manifestó frente al Estadio Nacional para solicitar la revisión de los criterios de ingreso al programa, argumentando que estos eran poco accesibles para la mayoría. Pese a estas demandas, la situación no ha mostrado cambios significativos hasta la fecha.
Quirhuayo señala que incluso participar en torneos nacionales implica pagar cuotas elevadas. “Muchos compañeros terminan dejando el deporte, porque no pueden pagar un viaje o no consiguen patrocinadores”. Por ejemplo, Leonardo Cahuapaza Tarapáca, necesitaba S/ 13,000 para asistir al Campeonato Mundial Juvenil de Ajedrez 2024 en Brasil. Su testimonio resume un problema extendido que viene arrastrándose hace mucho tiempo, que es que el ajedrez en el Perú sobrevive más por esfuerzo individual que por una estructura institucional sólida.
El profesor Jaime Ramírez, quien entrenaba a ajedrecistas en Saco Oliveros, explica que la falta de apoyo frena el desarrollo de los jugadores. “El ajedrez peruano tiene talento, pero carece de estructura. No basta con enseñar a mover piezas; se necesita continuidad, entrenadores especializados e incluso apoyo psicológico”, sostiene. Asimismo, Ramírez recuerda que en países como Cuba o Argentina, el ajedrez forma parte de la educación pública, mientras que en el Perú la propuesta para incluirlo en la currícula escolar aún no se concreta.
Ajedrecistas peruanos invisibles ante el Estado

Por otra parte, cabe destacar que los obstáculos no se limitan solo al aspecto económico. En el país no existen centros especializados de entrenamiento ni espacios públicos dedicados al ajedrez. También, hay una falta de infraestructura y la escasa cobertura mediática dificultan su crecimiento y reducen la posibilidad de conseguir auspiciadores o patrocinadores.
Un caso que permite comprender mejor la situación es el del campeón nacional Hans Cano Aguirre, quien en 2023 no pudo representar al Perú en un torneo internacional en Brasil debido a la falta de financiamiento. Según una nota informativa publicada por Diario Correo, el deportista manifestó que no contaba con el respaldo económico necesario, a pesar de haber obtenido el título nacional ese mismo año. Un año después, el joven arequipeño Leonardo Cahuapaza tuvo que vender llaveros para costear su viaje al Mundial Escolar de Ajedrez 2024, luego de no recibir apoyo de las autoridades locales, de acuerdo con un reportaje del medio La República basado en declaraciones de su madre.
Casos como estos reflejan una constante: el esfuerzo personal sustituye la gestión institucional. Sobre ello, Gonzalo Quirhuayo, maestro FIDE y entrenador, comenta en entrevista que “llega a ser indignante ver cómo el Estado apoya a otros deportes o les da más reconocimiento, al igual que muchos medios, y el ajedrez es casi invisible para muchos”.
El ajedrez como herramienta educativa y social
Más allá de su valor competitivo, el ajedrez es una herramienta educativa que potencia la memoria, la concentración y la resolución de problemas, como señaló la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile en un estudio de 2020. Gonzalo Quirhuayo coincide con esa visión: “El ajedrez te enseña a pensar antes de actuar. Es disciplina, estrategia y paciencia, tres cosas que sirven para la vida”.
El reto está en que estas ventajas sean reconocidas oficialmente e integradas en políticas educativas. Pese a las limitaciones, el ajedrez peruano continúa avanzando gracias al compromiso de sus jugadores y entrenadores. Cada competencia representa un esfuerzo individual en un entorno donde el apoyo institucional aún es insuficiente.
El profesor Ramírez plantea una salida: “Si el Estado apostara por el ajedrez como parte de la educación, podríamos formar no solo deportistas, sino también ciudadanos con mayor capacidad crítica y pensamiento estratégico”.

Desde la Federación Deportiva Peruana de Ajedrez (FDPA) y diversos educadores se propone que el Estado incorpore el ajedrez en las políticas públicas de formación escolar y universitaria, siguiendo modelos implementados en países como Cuba, España o Argentina, donde este deporte forma parte de la currícula nacional. Por ejemplo, desde 2013 en Argentina se desarrolla el programa nacional Ajedrez Educativo, impulsado por el Ministerio de Educación, el cual integra este deporte en más de 800 escuelas públicas como estrategia para estimular el pensamiento crítico y la inclusión. Una estrategia de este tipo permitiría descentralizar la enseñanza, promover la inclusión y garantizar que el talento no dependa únicamente de los recursos familiares. Su progreso depende, más que de recursos, de una visión nacional que lo reconozca como una herramienta de desarrollo intelectual y social. Convertirlo en parte de la política educativa sería una jugada maestra para construir un futuro con más oportunidades.


