Se incorporaron a las rutinas de muchos universitarios para combatir el cansancio y prolongar sus actividades, pero la frecuencia y cantidad ingerida pueden relacionarse con alteraciones del sueño, efectos cardiovasculares y cambios en el bienestar mental.
Escribe: Joaquín Espinal
Insomnio, palpitaciones, alteraciones del apetito y cambios en la presión arterial son algunas de las posibles consecuencias que puede enfrentar un joven que consume bebidas energéticas en exceso. Estos productos se han convertido en una alternativa entre quienes buscan mantenerse despiertos, combatir el cansancio o prolongar sus actividades. El estudio, el trabajo, el deporte y las actividades nocturnas son algunos de los espacios en los que estas bebidas forman parte de la rutina de muchos jóvenes.
Una investigación realizada con 384 estudiantes de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Norbert Wiener encontró que Volt fue la bebida energética más consumida, con un 61,2 %. Asimismo, el 59,6 % de los participantes reportó alteraciones del apetito, mientras que el 58,9 % presentó palpitaciones y el 58,1 % manifestó problemas de insomnio. El estudio también evidenció una relación entre la frecuencia de consumo y los cambios en la presión arterial: el 23,6 % de quienes ingieren estas bebidas diariamente o interdiariamente presentó variaciones en su presión arterial, frente al 12 % de quienes las consumen con menor frecuencia (Mendoza Llanos & Vásquez Herrera, 2025).
Estos resultados coinciden con lo señalado por la endocrinóloga Mónica Huertas, quien explica que el consumo frecuente de bebidas energéticas expone repetidamente al organismo a la cafeína y otros estimulantes. Esta exposición puede afectar el sistema nervioso y cardiovascular, y provocar alteraciones como insomnio, ansiedad, nerviosismo y aumento de la frecuencia cardíaca. Según la especialista, el riesgo no está en consumir una bebida de manera ocasional: aparece cuando se convierte en una herramienta habitual para mantenerse activo.
Efectos en la salud
Según el Instituto Nacional de Salud (INS), una presentación puede contener entre 80 y 322 miligramos de cafeína, mientras que algunas bebidas pueden aportar entre 6 y 12 cucharaditas de azúcar por porción. El consumo excesivo puede generar efectos como palpitaciones, insomnio e hipertensión (Instituto Nacional de Salud, 2025). Por ello, conocer la cantidad de cafeína y azúcar que contiene cada producto resulta importante cuando se consumen varias unidades.
La cafeína es uno de los principales componentes responsables del efecto estimulante de estas bebidas. Puede aumentar temporalmente el estado de alerta y disminuir la sensación de cansancio. Sin embargo, cuando se consume en cantidades elevadas o con demasiada frecuencia, puede producir efectos no deseados, especialmente cuando se utiliza para reemplazar las horas de descanso.
Otra investigación, realizada con 260 estudiantes de Farmacia de la Universidad Norbert Wiener, encontró que, entre los consumidores, el 37,8 % reportó ansiedad, el 35,6 % palpitaciones y el 11,1 % insomnio. Asimismo, el 33,3 % presentó colesterol elevado, frente al 18,8 % de quienes no consumían bebidas energéticas.
Además, la especialista advierte que puede generarse un círculo de cansancio y consumo. Los jóvenes recurren a estas bebidas para mantenerse despiertos, pero la cafeína puede dificultar el descanso y provocar que al día siguiente vuelvan a utilizarlas para combatir el cansancio. De esta manera, una bebida usada inicialmente para obtener energía puede terminar convertida en parte de un ciclo en el que las horas de sueño disminuyen y aumenta la necesidad de recurrir nuevamente a estimulantes.
Una preocupación que crece
El consumo de bebidas energéticas también puede relacionarse con las exigencias de la vida cotidiana. Los exámenes, las jornadas laborales y las salidas nocturnas pueden llevar a algunos jóvenes a buscar productos que les permitan prolongar su estado de alerta.
El crecimiento de su presencia en las actividades cotidianas plantea una preocupación que va más allá de la elección de una bebida. La frecuencia de consumo es fundamental para comprender sus posibles consecuencias sobre el sueño, el sistema cardiovascular y la salud mental. Los datos disponibles muestran que el consumo frecuente puede estar acompañado de distintos síntomas y alteraciones que merecen mayor atención.
Más que considerarlas una fuente rápida de energía, resulta necesario observar cómo estas bebidas se incorporan a los hábitos de los jóvenes. Cuando se utilizan para compensar la falta de sueño o el agotamiento, el problema pasa a estar relacionado con la frecuencia de consumo y los hábitos que la acompañan.


