Cada bisturí, pinza o tijera que entra a un quirófano del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas pasa antes por un proceso silencioso que garantiza la seguridad de miles de pacientes. Al respecto, conversamos con Ana Espinoza, jefa de la Central de Esterilización, para conocer cómo funciona el servicio que sostiene las cirugías del principal hospital oncológico del Perú.
Escribe: Rodrigo Alexander Meiggs Quillatupa
Un bisturí termina una cirugía y desaparece de la vista del paciente. Mientras la sala de operaciones se prepara para el siguiente procedimiento, ese instrumento inicia otro recorrido. Sale del quirófano, cada pieza es revisada, clasificada y limpiada. Luego se acondiciona, se empaqueta y entra a un esterilizador que elimina cualquier microorganismo. Solo entonces queda listo para regresar al siguiente paciente.
Ese recorrido ocurre todos los días en la Central de Esterilización del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), un espacio poco visible del que depende que las cirugías no se detengan. Detrás de puertas cerradas, el sonido de los equipos de esterilización reemplaza al de los monitores del quirófano, mientras bandejas metálicas esperan volver a entrar en circulación.
La importancia del servicio también se refleja en la magnitud del hospital. Entre 2000 y 2024, el INEN registró 268 987 casos nuevos de cáncer, de los cuales 137 435 corresponden a pacientes de Lima. Además, el cáncer de cuello uterino y el de mama concentran la mayor cantidad de diagnósticos registrados.
En ese contexto, la Central de Esterilización abastece a 17 quirófanos, además de las unidades de cuidados intensivos, quimioterapia, braquiterapia y otras áreas especializadas. Desde una infraestructura de 580 metros cuadrados, el equipo recibe, acondiciona y redistribuye el instrumental que vuelve a utilizarse en la atención oncológica.
Un proceso silencioso que protege a cada paciente
El trabajo no consiste únicamente en limpiar el material. Cada pieza sigue una secuencia estricta: se clasifica según su uso, pasa por la limpieza, el acondicionamiento, el empaquetado y finalmente por la esterilización antes de volver a almacenarse para el siguiente procedimiento.
Ana Espinoza explica que ese recorrido permite que el hospital mantenga operativos todos sus servicios. “Nosotros procesamos, acondicionamos y proveemos todos los insumos, instrumental quirúrgico y material estéril para que puedan atender a los pacientes tanto en su diagnóstico, tratamiento y recuperación”, señala.
Cuando una cirugía termina, otra puede comenzar porque alguien ya preparó previamente el instrumental necesario. Para Espinoza, el impacto del servicio es tan directo que lo resume así: “Si nosotros no proporcionamos todos los materiales para que puedan atender a los pacientes, prácticamente no se atendería”.
El área que sostiene al hospital desde el anonimato
Aunque la Central de Esterilización permanece fuera del recorrido habitual de pacientes y familiares, su trabajo atraviesa prácticamente todo el hospital. Espinoza llegó al entonces Hospital Neoplásicas en 1988 y pasó por medicina, cirugía, cuidados intensivos, quimioterapia y sala de operaciones antes de asumir la jefatura del servicio. Esa experiencia le permitió conocer cómo cada área depende del material que sale diariamente de la Central.
“La Central de Esterilización viene a ser el corazón de una institución”, afirma al describir el lugar donde trabaja desde hace más de una década.
Ese papel también creció recientemente. Desde el año pasado, el servicio fue reconocido como un área técnica estratégica, lo que amplió sus funciones hacia la gestión y adquisición del instrumental quirúrgico que utilizan los médicos en las distintas especialidades del hospital. Según explica Espinoza, hoy su equipo participa incluso en la compra de los instrumentos que llegarán posteriormente a las salas de operaciones.
A tres años de jubilarse, asegura que su principal objetivo es dejar preparado al personal que continuará el trabajo. “Lo que se quiere es seguir formando personas o profesionales nuevos”, dice, convencida de que el funcionamiento del servicio depende tanto de la tecnología como del compromiso de quienes la operan.
Mientras un paciente espera ingresar al quirófano, probablemente nunca sabrá que el bisturí que utilizará el cirujano ya recorrió ese circuito discreto. Sin embargo, detrás de cada operación existe un espacio donde cada instrumento vuelve a empezar para que la siguiente cirugía pueda realizarse con seguridad.


