El deseo de un futuro en la tecnología

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(Foto: Juan Pablo Peña)

Fotos y video: Leyla López, Juan Pablo Peña
Texto: Valeria Reyes
Edición: Jesús Moya

Maruja recuerda exactamente la fecha en que diagnosticaron a su hijo Luis Fernando: 13 de agosto del 2017. “¿Cómo podría olvidarlo?”, se pregunta Maruja. Un día antes Luis Fernando se quejaba por un intenso dolor en el pecho, sentía que algo lo oprimía e inmediatamente lo llevaron de emergencia al hospital Rebagliati. Pensaron que era algo del corazón porque la familia de su padre tiene antecedentes de enfermedades cardiacas y se prepararon para lo peor. En el hospital, le hicieron los exámenes correspondientes. Luego de unas horas, notaron que las enfermeras los iban merodeando, los miraban, hacían como si se fueran a acercar y luego pasaban de largo. Por fin, una cogió valor y se sentó al lado de Maruja para preguntarle si tenía familiares con leucemia.

Esa noche Luis Fernando se quedó en observación. A la mañana siguiente se enteraría que sufría de leucemia linfática aguda y que tenía que empezar la quimioterapia de una vez.

Luis Fernando es algo bajo para tener 14 años, tiene ojos alargados y usa una gorrita que cubre unos pocos cabellos que tratan de emerger nuevamente. Debería estar cursando tercero de secundaria, pero en vez de ello, acaba de terminar su tercer bloque de quimioterapia y está a la espera de un trasplante de médula ósea. La leucemia linfática o linfoblástica es un tipo de cáncer que involucra la sangre y la médula ósea, se presenta cuando hay una producción anormal de células inmaduras llamadas “linfoblastos” que son incapaces de funcionar adecuadamente en la médula ósea y se reproducen desplazando a las células sanas. Hace nueve meses que él y su familia pusieron sus vidas en pausa para luchar contra este cáncer y fue justo en las salas de quimioterapia del hospital Rebagliati que una de las enfermeras le alcanzó a su madre un número que “le traería una alegría a Luis Fernando”, recuerda Maruja. Era el contacto de Make-A-Wish Perú, una fundación que hace quince años se dedica a cumplir los deseos de niños y adolescentes peruanos con enfermedades complejas. Van 3,200 deseos cumplidos hasta la fecha y siguen contando.

Su deseo fue tener la experiencia especial de un experto en diseño y computación. Make-A-Wish Perú le regaló una computadora como primer acercamiento a su deseo, la cual, según comenta el voluntario Harold Mongrut, no necesitó de un técnico para instalar los programas. Luis Fernando se encargó de eso personalmente. Para seguir con el plan, llevaron al fanático de la tecnología a visitar las salas de la facultad de Ingeniería de la UPC. Ahí pudo disfrutar toda una tarde de juegos de realidad virtual, realidad aumentada y hasta un sistema de inteligencia artificial que reconoce las señas del lenguaje sordo mudo.

Luego de esto, pasó al estudio fotográfico en donde se realizaba una clase de Fotografía Publicitaria y observó el photoshoot con temática mundialista de la mano de los alumnos de la clase. Ellos mismos lo motivaron a utilizar la cámara profesional y luego de unos minutos de tímida observación, Luis Fernando se animó a fotografiar y a ser fotografiado junto a sus padres. El recorrido no acababa sino hasta entregarle a Luis el resultado de su experiencia en el estudio así que entró a uno de los laboratorios a editar sus fotografías y a imprimirlas para el recuerdo. Un proceso que no lo sorprendió pues también conocía los programas de edición que se utilizaban en la universidad. Finalmente, recargado de regalos, se despidió de sus anfitriones con la promesa de volver y continuó con el programa organizado por los voluntarios.

Make-A-Wish Perú cumple diferentes deseos, desde los más simples como un niño que quiso conocer a su equipo de fútbol favorito, hasta los más elaborados como el de una niña que quiso ser princesa por un día y lo fue en la imponente Fortaleza del Real Felipe. El verdadero regalo de este día para Luis Fernando es la fantasía de vivir alejado de las dificultades que los acompañan, al menos por unas horas. El deseo de una experiencia diferente al que la vida le ha asignado, en realidad, le regala fuerzas para seguir en la lucha.