Las cámaras digitales compactas, populares durante los primeros años de los 2000, están regresando entre los jóvenes de la Generación Z, impulsadas por las redes sociales y la estética Y2K. Aunque los smartphones ofrecen cámaras cada vez más avanzadas, estos dispositivos vuelven a ser utilizados por su estilo, sencillez y el particular efecto nostálgico de sus fotografías.
Escribe: Mónica Mori
Durante los últimos años, las cámaras digitales compactas que parecían haber quedado en el pasado comenzaron a recuperar protagonismo, especialmente entre los jóvenes. Los dispositivos que fueron desplazados por los smartphones hoy vuelven a aparecer en viajes, reuniones, fiestas y fotografías cotidianas. Modelos como las Sony Cyber-shot, Canon Powershot y Nikon Coolpix han encontrado una nueva audiencia que busca precisamente aquello que los celulares modernos han intentado dejar atrás: una estética imperfecta, espontánea y nostálgica.
El regreso de estos dispositivos está relacionado con la popularidad de la estética Y2K, inspirada en las tendencias de los años 2000. Fotografías con flash directo, grano, colores particulares y una menor resolución forman parte de este estilo, que permite diferenciarse de las imágenes producidas actualmente por los smartphones. A esto se suma el interés generado en plataformas como TikTok e Instagram, donde los jóvenes comparten fotografías tomadas con cámaras antiguas, muestran sus dispositivos y buscan modelos específicos para conseguir este tipo de resultados.
Según Lorenzo Bazo, fotógrafo, una de las principales razones por las que estas cámaras resultan atractivas actualmente es la sensación de nostalgia que generan. “Son cámaras que transmiten esa sensación de usar lo pasado, transmiten como que esa sensación de recuerdos”, explica Bazo. Desde su perspectiva, estos dispositivos permiten registrar momentos cotidianos como viajes, reuniones familiares o eventos sociales de una manera diferente, ya que su apariencia menos perfecta puede generar una mayor sensación de recuerdo.
La experiencia también cambia frente a la de un smartphone. Mientras los celulares ofrecen alta resolución, filtros, edición inmediata y la posibilidad de compartir una fotografía en cuestión de segundos, las cámaras digitales compactas tienen menos herramientas y un flash característico. Para Bazo, estas diferencias forman parte de su atractivo, aunque considera que su uso actual está más relacionado con el entretenimiento que con la fotografía profesional. “Esas cámaras (…) son más que una diversión y un hobby”, señala el fotógrafo. En ese sentido, explica que pueden ser útiles para viajes o eventos sociales, pero que quienes buscan desarrollarse profesionalmente deberían optar por equipos con mayores funcionalidades, como cámaras que permitan cambiar de lentes.
El fenómeno también tiene un respaldo en el mercado. De acuerdo con datos de la Camera & Imaging Products Association (CIPA), durante 2024 se enviaron 8,49 millones de cámaras digitales a nivel mundial, un incremento del 10% respecto al año anterior. Dentro de esa categoría, las cámaras con lente incorporado alcanzaron 217 279 unidades enviadas, 7,2% más que en 2023.
Las redes sociales han sido otro factor importante para mantener vigente esta tendencia. Bazo considera que TikTok e Instagram han permitido que la fotografía tenga una mayor exposición y que los fotógrafos puedan utilizarlas como portafolio y fuente de inspiración. “Gracias al Tiktok y al Instagram, los vídeos y la fotografía se están haciendo más famosos”, sostiene.
Aunque todavía no está claro si el regreso de las cámaras compactas será una moda pasajera, su presencia entre los jóvenes demuestra que un dispositivo considerado obsoleto puede adquirir un nuevo significado. Más que competir directamente con los smartphones, estas cámaras parecen responder a una búsqueda de experiencias diferentes. Sus usuarios valoran poder fotografiar sin editar de inmediato, recuperar una estética del pasado y conservar momentos con una apariencia menos perfecta y más personal.


