FOTOGALERÍA: La vida en el Mercado de Santa Anita

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En la avenida La Cultura 808, en Santa Anita, se ubica uno de los principales mercados mayoristas de Lima. Entre sus pasillos el movimiento no para hasta el amanecer.

Por: Leyla López Laguerre

Entrada del Mercado de Santa Anita
El mercado empieza a funcionar desde altas horas de la madrugada.
Productos en el mercado
Se venden una gran cantidad de verduras dentro del lugar.
Largos pasillos
A través de distintos pabellones los mayoristas venden sus productos.
Largos pasillos (2)
Sin embargo, no siempre sus corredores se mantienen limpios.
El trabajo de los cargadores
Probablemente sean quienes mayor esfuerzo físico hagan.
El trabajo de los cargadores (2)
Trasladan los productos en carretillas hacia otros puestos o camiones afuera.
El trabajo de los cargadores (3)
Pequeños o grandes camiones esperan afuera por los productos.
Los vendedores
Adentro del mercado, los vendedores negocian precios.
Los vendedores (2)
Algunos sacan cuentas.
Los vendedores (3)
Otros necesitan descansar así que duermen.
Afuera espera el desayuno
Distintos puestos de comida esperan fuera a los trabajadores y clientes.
Amanecer en el mercado
Cuando el sol sale todo se torna más tranquilo.

Por la madrugada, mientras varios peruanos se acuestan a dormir, uno de los mercados mayorista más grande de Lima despierta. A las dos de la mañana, ya están los motores encendidos y se observan carretilleros y cargadores moverse de un lado al otro. Caminan sin frenos, descargando y volviendo a cargar, al igual que los camiones que arriban al lugar. Hasta las cinco de la mañana no se detienen y continúan con sus actividades, mientras más personas aparecen caminando entre los largos pasillos

El mercado se divide por pabellones. Papa a la derecha y cebolla más a la izquierda. Los puestos de verduras son los más concurridos, mientras el de frutas está en un pabellón cercano a la salida con una menor afluencia.

Cuando las calles empiezan a alumbrarse, el movimiento dentro va apagándose. A las seis de la mañana ya es hora de desayunar: dentro o en los alrededores del mercado, las barrigas empiezan a sonar. Tras comer en los puestos aledaños, ya a las siete, el silencio reina en el pabellón.