Correr ya no es solo una actividad deportiva. En Lima, el crecimiento de las carreras y de la comunidad runner está construyendo un mercado que va más allá de la competencia: reúne a organizadores, marcas, empresas y negocios especializados que encuentran nuevas oportunidades alrededor de este deporte.
Escribe: Ana Paula Venero
La magnitud de este fenómeno se pudo observar el pasado 23 de agosto, cuando la Media Maratón de Lima reunió a cerca de 21 mil participantes entre sus pruebas de 10K y 21K. Las inscripciones se agotaron, lo que refleja la creciente convocatoria que tienen este tipo de eventos. Este crecimiento también se observa en competencias menores. Juan Vera, coordinador de los Corporate Games, señala que el running se ha convertido en el evento principal de sus competencias por su capacidad de convocar a más personas. En su última edición en Lima participaron alrededor de 2.500 corredores de unas 200 empresas.
“El running se volvió el evento estrella ya que es más masivo, une más”, explica Vera. Según cuenta, después de la pandemia más empresas comenzaron a incorporar actividades deportivas como parte de sus estrategias de bienestar para sus trabajadores.
Las carreras también se han convertido en espacios para que las empresas se acerquen directamente a los corredores. En los Corporate Games, por ejemplo, las compañías con más participantes pueden instalar stands durante el evento, lo que genera espacios de encuentro y networking.
Una industria que crece
El movimiento no se limita a las competencias. Según estimaciones de Perú Runners recogidas por Forbes Perú, la industria del running en el país mueve más de US$120 millones al año. El monto refleja la expansión de un ecosistema que involucra competencias, equipamiento deportivo, entrenamiento, recuperación, servicios especializados y marcas que buscan posicionarse dentro de este mercado. Además, en 2025 se registraron más de 150 competencias urbanas, con un crecimiento cercano al 15% anual.
Parte de este movimiento económico proviene directamente de los corredores. Participar en una carrera supone un gasto que comienza con la inscripción, pero puede aumentar con la preparación. En la Media Maratón de Lima, por ejemplo, la inscripción para los 21K partió desde S/110 en preventa, según la experiencia de Dax Canchari, una corredora que participó en la competencia.
Para ella, correr implica mucho más que pagar una inscripción. En su preparación también ha invertido en suplementos, gimnasio, entrenamiento, hidratación y recuperación muscular. Incluso llegó a comprar un reloj deportivo de aproximadamente S/1.200, una de sus adquisiciones más costosas.
“Calculando lo que serán 2.500 por ahí”, estima Dax al sumar sus gastos relacionados con las carreras y su preparación. Aunque reconoce que algunos productos le duran varios meses, el gasto acumulado muestra cómo el running puede convertirse en un consumo constante.
Nuevos negocios alrededor del corredor
El crecimiento de este deporte también abre espacio para negocios que antes podían estar más alejados de este público. Un ejemplo es Tera Perú, centro de fisioterapia y rehabilitación que lleva seis años en el mercado y que participa en activaciones deportivas. Jair Picón, gerente general, explica que el crecimiento del running comenzó a hacerse más evidente después de la pandemia y que el deporte se ha convertido en una de las líneas que más ha crecido dentro de su negocio. Después de participar en carreras, sus ventas pueden incrementarse entre 15% y 20%, según señala.

Sin embargo, la industria no se construye únicamente desde las empresas. Las comunidades también son parte de este crecimiento: hay grupos para principiantes y corredores experimentados, clubes que se forman alrededor de distintos intereses y espacios donde las personas encuentran amigos, pareja o simplemente un lugar al que pertenecer.
El fenómeno empieza a guardar similitudes con otras industrias deportivas, como la del fútbol: alrededor de una actividad deportiva se crea un ecosistema de eventos, marcas, servicios, comunidades y consumidores. La diferencia es que el running todavía está en una etapa de expansión y encuentra cada vez más espacios para crecer. El corredor se convierte en el centro de un mercado que ya no se mide únicamente en kilómetros recorridos, porque cada carrera reúne participantes, empresas y marcas, cada entrenamiento demanda servicios y productos, y cada comunidad amplía el público al que puede llegar esta industria.
Correr puede ser una meta personal, pero alrededor de los kilómetros recorridos también se está construyendo un negocio.


