La plaza en San Borja que mostró lo complejo de un conflicto internacional

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La historia de la pequeña plaza en San Borja que incrementó tensiones entre las embajadas de Israel y Palestina en el Perú.

La pequeña plaza en la avenida San Borja Sur luce descuidada en la actualidad. Foto: Sebastián Fernández

Por: Mariana Gálvez y Sebastián Fernández  

Para cualquiera transeúnte que atraviese la cuadra número ocho de la avenida San Borja Sur, la Plaza Palestina podría pasar desapercibida. La vía cuenta con un gran parque que se extiende por unos dos kilómetros: desde antes de la avenida San Luis hasta pasar la avenida Aviación. Al caminar se encuentran juegos infantiles, bancas, máquinas para hacer ejercicio y una estatua de la Vírgen María. Frente a ellos, la Plaza Palestina luce pequeña; un rectángulo de asfalto discreto que casi parece querer disculparse por estar ahí.

 

El proyecto fue construido por el entonces alcalde Marco Álvarez, con la colaboración de la Embajada Palestina en Perú y costó unos 150,000 soles a San Borja. Desde el inicio la obra no estuvo exenta de controversia: mientras se construía, los vecinos de la cuadra protestaban por la “tala de árboles”. En un video publicado en la página de Facebook ‘Mano Alzada’ el 18 de diciembre del 2018, un par de vecinos y un perro protestan ante unos inimputables trabajadores.

 

—Están construyendo cemento y bajándose los árboles del parque de San Borja Sur por una política absurda de la alcaldía— dice la mujer que graba.

 

La indignación de los vecinos no solo se justificaba por la destrucción ecológica, sino también porque consideraban la obra un acto innecesario y autoindulgente por parte del alcalde Álvarez, que inauguraría la Plaza en su último día en el cargo.

 

La polémica solo había iniciado. Diez días después, el 28 de diciembre, el embajador de Israel, Asaf Ichilevich, escribiría una carta dirigida al alcalde Álvarez en la cual manifestaría su molestia por la construcción. “Es una lástima que continuas iniciativas palestinas tengan lugar en un distrito amigo del Estado de Israel”, escribió Ichilevich en la misiva, que culminaba con esta frase: “elevamos nuestra protesta por albergar en su distrito una plaza que servirá de tribuna para futuros actos de apoyo a la causa terrorista palestina”.

Fue entonces que el enfrentamiento empezó de verdad. Se escribieron varios artículos dando noticia del tema, los usuarios de redes sociales como Twitter atacaron a Ichilevich por sus palabras y ambas comunidades se manifestaron sobre la plaza.

 

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Los palestinos  no pueden cruzar el muro de Cisjordania con libertad. Foto: El País/Edward Kaprov

 

Explicar de manera breve el conflicto palestino-israelí es un poco una tarea imposible. Un ejercicio fútil en esta era de posverdad. Sin embargo, es posible comenzar el 29 de noviembre de 1947, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) decidió dividir en dos naciones la región de Palestina. Según el plan de la ONU, un estado sería ocupado por los árabes que se habían liberado del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial y el otro por los judíos que huían a la tierra prometida de una Europa plagada de antisemitismo. La decisión no dejó satisfecha a ninguna de las partes y apenas unas semanas después, la Liga Árabe emitió una resolución rechazando la proposición de la ONU y en diciembre el conflicto ya había escalado a proporciones bélicas.

 

Desde entonces no ha existido paz en la región de Palestina. Inicialmente, el ejército israelí se ha enfrentado primero a una coalición de países árabes (Egipto, Jordania, Siria, Irak) y luego a la milicia palestina. Ha triunfado siempre y ha utilizado estas victorias para ocupar territorio que, según lo estipulado por la ONU, le corresponderían a Palestina. A lo largo de los años, Israel ha enviado colonos a estos y otros territorios para anexarlos. También ha construido una muralla que divide territorio israelí de Cisjordania y ha encerrado a la Franja de Gaza, causando una crisis humanitaria. Por otro lado, en el caso palestino, la falta de recursos, la pobreza y la desesperación han llevado a la radicalización de muchos palestinos, que ven en el organismo terrorista Hamas una posibilidad de continuar la guerra contra los judíos.

 

A lo largo del siglo XX y también el XXI, la comunidad internacional ha intentado conseguir algún tipo de solución a este conflicto. Entre ellos destacan los acuerdos de Oslo en 1993, que crearon la Autoridad Nacional Palestina (una especie de paso previo a un Estado), pero terminaron por no prosperar. El Primer Ministro israelí que firmó el acuerdo, Yitzhak Rabin fue asesinado por un israelí de extrema derecha poco más de un año después.

 

Desde entonces, la política israelí ha virado a la derecha y con la llegada de Benjamin Netanyahu al poder parece haber dejado de lado cualquier intención de encontrar una solución favorable para los dos estados. “Es duro es un hombre duro, de derecha y aliado con la ultraderecha isarelí”, explica el analista internacional Ramiro Escobar.

 

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El exministro Daniel Abugattas pertenece a la comunidad palestina en el Perú. Foto: ANDINA/Carlos Lezam

 

El Perú es un país de todas las sangres. A lo largo de toda la historia del país, distintas comunidades han llegado en busca de un futuro mejor. Están los chinos, los afroperuanos, los japoneses y distintas comunidades que se han formado por los inmigrantes. La palestina y la israelí son pequeñas en cantidad (Argentina, por ejemplo, tiene una comunidad judía mucho mayor, mientras que Chile ha recibido una inmigración palestina importante), pero ambas han sido influyentes en el ámbito político y social. En la actualidad, por ejemplo, Gustavo Gorriti, Augusto Álvarez Rodrich y Salomón Lerner son judíos; Daniel Abugattas y Omar Chehade son miembros de la comunidad palestina.

 

La investigadora peruana Leyla Bartet explica en su libro Memorias de cedro y olivo que los primeros inmigrantes palestinos en llegar al Perú lo hicieron por azar a finales del siglo XIX. Buscaban en América la bonanza económica que en su país no podían encontrar. La presencia de los judíos en el Perú, por otro lado, data de la época de la Conquista y el Virreinato, de ello hay evidencia gracias a la Inquisición. Así lo cuenta Margarita Suárez en la compilación elaborada por Henry Mitrani titulada Ser judío en el Perú.

 

Ambas comunidades cuentan con sus propios espacios. Por ejemplo, la palestina cuenta con el Club Árabe Palestino, mientras que la judía tiene el colegio León Pinelo. Desde ambas embajadas existe la intención de que su posición sea escuchada, por ello ambas comunidades son muy activas y realizan numerosas actividades en las cuales invitan a políticos, periodistas y activistas.

 

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Tras la protesta de Israel, la municipalidad de San Borja pidió ayuda a la Cancillería para lidiar con la situación, la embajada Palestina replicó al comunicado repudiando la actitud israelí. Luego de unos meses, la plaza por fin se inauguró. Unos cuantos palestinos asistieron, mientras que un grupo israelí se manifestó en la plaza para protestar.

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Ya es de noche en la cuadra ocho de San Borja Sur. Un hombre fuma un cigarrillo sentado en los escalones de la Plaza Palestina. ¿Sabrá de su historia? Termina el cigarro, lo tira al escalón y lo mata justo al lado de un grabado con la bandera tricolor palestina.