Estudiantes, padres de familia y docentes celebraron emblemática edición número 100 en el auditorio Bancalari del campus de Monterrico.
Mientras la pantalla proyectaba la portada de la edición número 100 de Punto Seguido, Rossana Echeandía, directora de la Carrera de Comunicación y Periodismo de la UPC, decidió empezar la historia seis mil años atrás.
No habló primero de la revista ni de la cifra que convocaba a estudiantes, docentes, egresados y familiares en el auditorio. Habló de los sumerios, de las tablillas de arcilla y de cómo la palabra escrita ha sobrevivido al paso de los siglos.
«Lo que sabemos con mayor certeza de esas civilizaciones es lo que dejaron escrito», recordó. Aquella idea terminó convirtiéndose en el hilo conductor de toda la presentación: en una época dominada por la inteligencia artificial, las redes sociales y el consumo inmediato de información, ¿qué significa seguir escribiendo e imprimiendo una revista?
La presentación de la edición conmemorativa de Punto Seguido terminó siendo mucho más que la celebración de un centenar de publicaciones. Fue una conversación sobre el presente y el futuro del periodismo, sobre las transformaciones de la profesión y sobre el valor que aún conserva el trabajo de investigar, escribir, editar y diseñar historias que aspiran a permanecer.
Echeandía llevó esa reflexión al terreno de la experiencia personal. Tras recordar sus 26 años de trabajo en El Comercio, contó que todavía encuentra reportajes y columnas suyas citadas por otras personas. Esa permanencia, explicó, es la que obliga a los periodistas a asumir con responsabilidad cada palabra que publican.
“Hoy ustedes han entrado a ese gremio. Sus nombres y los apellidos que sus padres les dieron están impresos aquí y eso va a quedar para siempre. Por 100 ediciones más o por 100 años más”, dijo mientras sostenía un ejemplar de la revista frente a los estudiantes que participaron en su elaboración.
La conmemoración también estuvo marcada por la memoria. Antes de dar paso al conversatorio, el auditorio recorrió parte de la historia de Punto Seguido a través de una serie de videos protagonizados por egresados que recordaron su paso por la revista y reflexionaron sobre el papel que desempeñó en su formación profesional. Sus testimonios sirvieron de puente entre quienes construyeron las primeras ediciones y los estudiantes que hoy continúan escribiendo esa historia.

Escribir en tiempos de inteligencia artificial
La intervención abrió un conversatorio integrado por Carlos Salas, subdirector de El Comercio; Jessica Cruz, docente de Diseño Gráfico de la UPC; y los docentes Dan Lerner y Rubén Barcelli, responsables del Taller de Periodismo Informativo. Cada uno abordó el periodismo desde una perspectiva distinta, pero todas las intervenciones terminaron dialogando entre sí.
La primera pregunta fue inevitable: ¿cómo se ejerce el periodismo cuando las plataformas cambian a un ritmo mucho más rápido que las propias redacciones?
Para Carlos Salas, la respuesta empieza por reconocer que la profesión atraviesa uno de sus momentos de mayor transformación.
“Yo defino este momento del periodismo como un momento de constante movimiento. La profesión se ha vuelto una profesión de constante movimiento”, afirmó.

El subdirector de El Comercio explicó que la irrupción de la inteligencia artificial ha acelerado cambios que antes tomaban años. Hoy las redacciones producen contenidos para el periódico impreso, la web, redes sociales, YouTube, WhatsApp y nuevas plataformas que aparecen continuamente. La competencia ya no son únicamente otros medios, sino cualquier espacio que dispute la atención de las audiencias.
Sin embargo, esa multiplicación de formatos no reemplaza la esencia del oficio.
“El reto ahora pasa por saber contar una historia en distintos formatos sin perder la vena textual”, sostuvo. Escribir bien, dijo, continúa siendo un valor irrenunciable, aunque ahora deba convivir con el video, el audio y las narrativas digitales.
Esa idea encontró eco en la intervención de Dan Lerner, quien recordó que la expansión de las plataformas no significa renunciar al trabajo editorial tradicional.
“Escribir, diseñar e imprimir sigue siendo parte de nuestra chamba. No es lo único; antes quizás era uno de los dos o tres medios que había, ahora hay muchos más, pero eso sigue siendo uno de ellos”, señaló al explicar por qué los estudiantes continúan produciendo una revista impresa dentro de su formación.
Desde el diseño editorial, Jessica Cruz añadió que esa apuesta también implica comprender cómo una historia comunica visualmente. Recordó que desde hace casi veinte años se anuncia la desaparición del papel, pero que el periódico impreso sigue vigente.
«Cuando yo estaba en el periódico, en 2007, me dijeron que El Comercio iba a disminuir sus páginas porque el papel iba a desaparecer. Estamos en 2026 y todavía sigue vivo«, comentó.
Para la docente, esa vigencia explica por qué los estudiantes siguen aprendiendo a producir una revista impresa. No basta con escribir una buena historia; también es necesario comprender cómo el diseño potencia el relato periodístico.
“La redacción y el diseño se complementan muy bien. Si tú has escrito un buen reportaje y visualmente lo haces atractivo, vas a captar mucho más la atención del lector”, explicó. Investigar, elegir imágenes, jerarquizar la información y construir una propuesta gráfica forman parte de un mismo proceso narrativo.
Precisamente esa integración entre contenido y diseño marcó el desarrollo de la edición número 100. Rubén Barcelli recordó que el proyecto comenzó varios meses antes de publicarse, cuando el país aún no conocía quién ocuparía la Presidencia ni cómo quedaría conformado el nuevo Congreso.
Planificar una revista en medio de un escenario político tan cambiante suponía un riesgo evidente: que sus contenidos envejecieran antes de llegar a la imprenta.
La solución fue construir una edición con dos grandes ejes. El primero reconstruye la historia de Punto Seguido, sus protagonistas y el legado de una publicación que ha acompañado la formación de periodistas durante décadas. El segundo reúne reportajes dedicados a los grandes desafíos que enfrentará el país en los próximos años —transporte, minería, salud, cultura, informalidad, descentralización o gobernabilidad—, temas cuya relevancia trasciende cualquier resultado electoral.
«No era sencillo anticipar cómo hacer vigente una edición cuando la planeas en febrero o marzo tomando en cuenta todo lo que ocurre en el Perú todos los días«, explicó Barcelli.
Aprender periodismo haciendo periodismo
Pero si hubo un momento en el que el conversatorio dejó de mirar la revista para mirar a quienes la hicieron posible, fue cuando tres estudiantes subieron al escenario para representar a las sedes de Monterrico, San Miguel y San Isidro.
Hablaron menos de logros que de procesos. De entrevistas que costó conseguir, de diseños que hubo que rehacer, de palabras que no entraban en el espacio disponible, de programas que parecían imposibles de dominar y de largas jornadas de coordinación entre grupos.



Campus San Miguel.
Fátima destacó el orgullo de sostener finalmente la revista entre las manos después de semanas de investigación, fotografías, bocetos y correcciones. Recordó incluso a un compañero que llegó al curso convencido de que nunca lograría diseñar una página y terminó quedándose hasta el final de cada clase aprendiendo nuevas herramientas. «No se rindió«, resumió.
Silvana, representante de la sede San Isidro, resaltó otra de las lecciones que deja producir una revista: la precisión. Explicó que el reto no era únicamente investigar y redactar, sino lograr que cada texto encajara exactamente en el espacio asignado, respetando el número de palabras y coordinando permanentemente con el equipo de diseño. Esa exigencia, señaló, reproduce la dinámica de los medios de comunicación, donde el trabajo periodístico depende tanto de la calidad de la información como de la capacidad para trabajar en conjunto.
Mateo, por su parte, compartió una experiencia que ilustra bien cómo funciona una redacción. Después de semanas trabajando un reportaje sobre el Senado, su grupo descubrió que otro equipo estaba desarrollando exactamente el mismo tema. La decisión editorial fue comenzar desde cero con una nueva investigación sobre educación.
Lejos de lamentarlo, terminó viéndolo como una lección.
“Una revista no se escribe sola, no se diseña sola. Detrás de lo que hoy tienen en sus manos hubo alumnos que dedicaron amanecidas con café frío a las dos de la mañana”, contó.
Luego dejó una de las frases que mejor resumió el sentido de toda la jornada.
“El periodismo está cada vez más enfocado en esos 15 segundos de reel para llamar la atención y que la universidad nos dé la oportunidad de escribir, de ordenar el caos con palabras y contar una historia es algo que agradecemos”, resumió.
La presentación concluyó con un recorrido por las páginas de la edición 100. Docentes y estudiantes fueron presentando uno a uno los reportajes que integran el especial: investigaciones sobre la historia de Punto Seguido, entrevistas a docentes y egresados, además de análisis sobre los principales retos políticos, económicos y sociales del país.
Más que presentar una revista, el recorrido final permitió revelar todo lo que ocurre antes de que una historia llegue a imprimirse: horas de investigación, entrevistas, discusiones editoriales, rediseños y trabajo en equipo. Detrás de cada reportaje hubo una redacción formada por estudiantes que aprendieron periodismo ejerciéndolo.
Al terminar la ceremonia, la edición número 100 dejaba de ser solo una cifra. Se convertía en la confirmación de que, aunque cambien las herramientas y los formatos, el periodismo sigue construyéndose de la misma manera: con curiosidad, criterio y la voluntad de contar historias que merecen permanecer.



