EJUTOR 2026: cerca de 340 jóvenes de más de 30 parroquias se reúnen en Barranco. El Encuentro Juvenil Toribiano reunió en agosto de 2026 a comunidades católicas de Barranco, Chorrillos y Miraflores en una jornada de música, oración y teatro.
Escribe: Joaquín Espinal
Cerca de 340 jóvenes de más de 30 parroquias de Barranco, Chorrillos y Miraflores participaron en agosto de 2026 en el Encuentro Juvenil Toribiano (EJUTOR), que se realizó en el coliseo del Colegio Santa Rosa, en Barranco. La jornada reunió a jóvenes de distintas comunidades católicas para compartir un día de convivencia, reflexión y fe.
El encuentro fue organizado por la Vicaría de la Juventud de la Arquidiócesis de Lima. Se realiza cada dos años y toma su nombre de Santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima en el siglo XVI. Su propósito es que los jóvenes se encuentren con personas de otras parroquias y vivan su fe de una manera participativa. Durante la jornada hubo dinámicas grupales, juegos, música, oración y espacios de reflexión.
Un santo en el presente
Desde el ingreso, los participantes se encontraron con un ambiente distinto al de una celebración religiosa tradicional. Un pequeño concierto de bienvenida recibió a los jóvenes con animadores que cantaron música católica y canciones vinculadas con la fe. La música, los aplausos y la participación de los asistentes marcaron desde el comienzo el tono de una jornada pensada para ellos.
Como en cada edición, la apertura incluyó una representación que introdujo el tema central del encuentro. Este año, la obra planteó una pregunta: ¿cómo habría sido Santo Toribio de Mogrovejo si hubiera vivido en la sociedad actual? La puesta en escena trasladó la figura del santo a situaciones de la vida contemporánea y mostró cómo podría haber interactuado con los jóvenes y con los problemas de hoy. La representación también cuestionó la imagen de los santos como figuras lejanas a la vida cotidiana.
Según Danna Osorio, coordinadora de Logística del EJUTOR y miembro del Santuario Sagrado Corazón de Jesús de Barranco, uno de los principales objetivos del encuentro es generar espacios de integración entre jóvenes que comparten una misma fe. Desde su labor, Danna estuvo a cargo de coordinar la logística de la jornada, supervisar los implementos utilizados durante las actividades y organizar el ingreso de los participantes.
Muchas veces, cada joven vive su experiencia religiosa dentro de su propia parroquia, por lo que EJUTOR busca ampliar ese espacio de encuentro y permitir que conozcan a personas de otras comunidades. “Queremos que los jóvenes descubran que no están solos en su fe, que existen muchas otras personas que viven y buscan fortalecer su relación con Dios. EJUTOR permite justamente eso: encontrarnos, conocernos y formar una comunidad más grande”, explicó Osorio. La jornada permite así descubrir que detrás de cada parroquia existe una red mucho más amplia de jóvenes que comparten experiencias y buscan fortalecer su relación con Dios.
Entre cantos, juegos y actividades grupales, el programa incluyó también momentos de oración y reflexión. La intención era que los participantes vivieran la fe no solo como una práctica individual, sino como una experiencia compartida.
El almuerzo fue otro de los momentos importantes. Más que una pausa en el programa, permitió que los jóvenes siguieran relacionándose de manera informal con integrantes de otras comunidades. Compartir la comida y conversar fuera de las actividades programadas contribuyó a fortalecer la fraternidad entre las parroquias.
Una Iglesia que escucha
El encuentro ocurre en un contexto en el que la relación de muchos jóvenes con la religión ha cambiado. Para algunos, la fe sigue siendo una parte importante de su vida; para otros, ha perdido presencia frente a nuevas actividades, intereses y formas de relacionarse. Encuentros como EJUTOR buscan que quienes mantienen una relación cercana con la Iglesia la fortalezcan y, al mismo tiempo, que otros jóvenes se acerquen.
La propuesta no parte de considerar que todos los jóvenes estén alejados de Dios, sino de reconocer que las nuevas generaciones encuentran cada vez menos espacios para conversar sobre espiritualidad, comunidad y propósito.
Para Danna, acercarse a Dios no significa alejarse de la vida cotidiana. “La fe también se vive en la convivencia, en las amistades y en poder acompañarnos entre nosotros. No queremos obligar a nadie a creer, sino ofrecer un espacio donde los jóvenes puedan sentirse escuchados, expresarse y compartir con otras personas”.
Su perspectiva plantea que uno de los retos de la Iglesia es generar espacios en los que los jóvenes puedan sentirse parte de una comunidad sin percibir la religión como una obligación. Desde esta mirada, EJUTOR busca que la experiencia religiosa también pueda construirse a través del diálogo, las amistades y el acompañamiento. Incluso quienes llegan con dudas o simplemente buscan un lugar donde sentirse acompañados pueden encontrar en el encuentro un espacio para relacionarse con otros jóvenes y acercarse a la fe desde su propia experiencia.
El encuentro no termina cuando finalizan las actividades. La verdadera finalidad está en lo que cada participante se lleva de regreso a su comunidad: nuevas amistades, experiencias compartidas y el deseo de seguir viviendo su fe. Aunque la jornada tenga un final, el vínculo construido entre los jóvenes puede permanecer mucho después de que se apaguen los últimos cantos.


