Milagro en la celda 7:¿Por qué nos gusta ver películas que nos hacen llorar?

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Milagro en la Celda 7 es, originalmente, un filme surcoreano (7-beon-bang-ui seon-mul) estrenado en el año 2013 y recaudó alrededor de 30 millones de dólares en las primeras 2 semanas de estreno. Precisamente por el éxito que significó en su país, Turquía decidió realizar el remake estrenado el 10 de Octubre del año pasado y volviéndose lo más visto de Netflix en varios países de latinoamérica, entre ellos Perú.

La película, perteneciente al género dramático, cuenta la historia de un padre, Memeht, con discapacidad intelectual y su hija, Ova. La relación entre ambos se ve amenazada, luego de que el Memeht es sentenciado a pena de muerte injustamente, por un crimen que no cometió. La trama, recuerda a la famosa película del 2001, Mi nombre es Sam (I am Sam), dirigida por Jessie Nelson y protagonizada por Sean Penn, una pequeña Dakota Fanning y Michelle Pfeiffer.

Este filme, que resultó ser muy emotivo para el público, cuenta con personajes y una trama similares en las que un padre es separado de su hija y pasa por situaciones de discriminación debido a su discapacidad intelectual en las que se cuestiona su capacidad para cuidar de su hija.

Pero, ¿Por qué disfrutamos de películas que nos siempre nos hacen llorar?

Grishell Mercado, psicòloga social en la Universidad de Argentina, indica que llorar es un proceso natural de la emocionalidad del hombre, que durante el crecimiento es censurado ya que se asocia a la debilidad. Sin embargo, las películas resultan ser buenas excusas para poder soltar emociones contenidas. La psicòloga indica que, las personas que suelen tener atracciòn especial por las pelìculas del género dramàtico, por lo general, son más emocionales y si suelen llorar cuando las miran, suelen ser más empáticas y sensibles.

Además, el contexto siempre tiene que ver con nuestras preferencias. Nuestra conducta está en función de lo que sentimos y pensamos, y nuestra vida afectiva y cognitiva la vivimos en función de la experiencia. Por ello, el consumo del género dramático o de películas que simplemente no hacen llorar a mares, es para experimentar emociones negativas, sin que ello conlleve necesariamente a un efecto negativo en su vida diaria.
En un país en que se limita la expresión emocional de forma cultural, ver estas películas es una forma de poder sentir pena, llorar o incluso expresar o identificarnos con la desesperación, frustración o cólera.

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