Durante la Semana de Periodismo Literario 2026, Jaime Cordero, Iván Herrera y Bruno Rivas compartieron con estudiantes de la UPC el proceso detrás de sus libros y reflexionaron sobre la investigación, la escritura y los desafíos del periodismo narrativo.
Detrás de un libro de no ficción hay mucho más que sentarse a escribir. Antes de redactar el primer párrafo, un periodista puede invertir semanas —e incluso años— revisando archivos, entrevistando fuentes, contrastando versiones y reconstruyendo escenas. Ese fue uno de los principales mensajes que dejó «UPC Narrativo: Nuestros docentes son autores», conversatorio organizado en el marco de la Semana de Periodismo Literario 2026.
Al presentar el encuentro, Rossana Echeandía, directora de la Carrera de Comunicación y Periodismo de la UPC, destacó la trayectoria de los tres docentes invitados y subrayó que el conversatorio marcaba el cierre de la Semana de Periodismo Literario 2026, invitando a los estudiantes a aprovechar la experiencia de los autores y el diálogo moderado por la docente y periodista Gloria Tovar.


“Curiosamente, los libros coincidieron con un momento en que sus personajes adquirieron especial notoriedad”, señaló Echeandía. “El timing contribuyó mucho a su difusión.»
Y es que si bien los tres libros abordan personajes y contextos muy distintos, los autores coincidieron en una idea: el verdadero trabajo empieza antes de redactar una sola línea.
Iván Herrera contó que el libro sobre el hoy papa León XIV nació pocos días después de su elección y debió escribirse en apenas un mes y medio. Desde el inicio, explicó, buscó construir un perfil antes que una biografía. «Lo describiría más como un perfil y no como una biografía porque estamos intentando revelar quién es esta persona«, señaló. Para ello recurrió a una investigación hemerográfica y a entrevistas con personas que conocieron al pontífice en distintas etapas de su vida.
En contraste, Jaime Cordero relató que la investigación sobre Antauro Humala tomó cerca de cuatro años. Antes de realizar la primera entrevista, revisó libros, archivos, periódicos y declaraciones para conocer todas las versiones del personaje. «Antes de salir a hacer la primera entrevista hay que conocerse las versiones del personaje«, afirmó, al destacar que ese trabajo previo permite formular mejores preguntas y contrastar la información obtenida.
Bruno Rivas compartió una experiencia distinta. Junto con la periodista María José Castro construyó una colección de perfiles sobre destacadas deportistas peruanas con el propósito de visibilizar sus historias. Para lograrlo, explicó, cada texto se sustentó en un amplio trabajo de campo. «Cada perfil provenía de entrevistas a por lo menos diez personas«, comentó, entre atletas, familiares, entrenadores y otras fuentes cercanas.
Más allá de las diferencias entre sus proyectos, los tres coincidieron en que la investigación constituye el principal soporte del periodismo narrativo y que conocer a profundidad a un personaje antes de entrevistarlo permite descubrir matices que difícilmente aparecerían en una conversación improvisada.
El reto no es escribir bonito, sino contar con rigor
Tras repasar el origen de cada libro, la conversación se trasladó al terreno del oficio periodístico. Uno de los principales temas fue cómo construir historias que conecten con el lector sin perder el rigor ni caer en juicios de valor.
Para Jaime Cordero, la clave está en una máxima que suele repetir a sus estudiantes: «No enuncies, muéstramelo«.
Con ello, explicó, el periodista no debe limitarse a definir a un personaje mediante adjetivos, sino reconstruir escenas, reunir testimonios y presentar hechos que permitan al lector construir su propia interpretación.
«Yo no tengo ningún problema si el lector piensa que un personaje es un cobarde o un valiente, pero no se lo voy a decir yo. Muéstrame por qué«, señaló al explicar que los comportamientos y las decisiones de un personaje hablan mucho más que cualquier calificativo
Iván Herrera compartió una reflexión similar. A su juicio, uno de los errores más frecuentes consiste en intentar dirigir las emociones del lector en lugar de confiar en la fuerza de la historia.
«Sobre-adjetivizar es una forma de faltar el respeto al lector«, afirmó. «Si tú cuentas la historia, pintas el cuadro, creas la escena y narras lo que ocurrió, el lector va a experimentar ciertas emociones. Yo no necesito decirle: ‘ahora ponte en modo lagrimita’«.
Bruno Rivas coincidió en que toda investigación parte inevitablemente de una mirada personal del autor. Sin embargo, remarcó que esa subjetividad nunca puede reemplazar el trabajo de documentación.
«Si quiero demostrar que un personaje fue extraordinario, que sean los datos los que lleven al lector a esa conclusión y no mis adjetivos«, sostuvo.
Los tres autores también coincidieron en la importancia del trabajo editorial. Desde la experiencia de escribir junto a una coautora, Bruno Rivas destacó el valor de tener a otra persona capaz de cuestionar cada texto.
«Es bueno tener un editor o un coautor para que vea aquellos ángulos que estás dejando de lado«, comentó, al recordar el proceso de revisión permanente que implicó la publicación de los perfiles de deportistas.
El otro lado del periodismo narrativo
La ronda de preguntas permitió profundizar en algunos de los principales desafíos del periodismo narrativo, desde el trabajo con las fuentes hasta el momento de poner punto final a una investigación.


Uno de los temas que despertó mayor interés fue cómo enfrentar el rechazo de algunos personajes a participar en un reportaje. Jaime Cordero reconoció que se trata de una situación habitual en el oficio. «Eso es parte del business. Muchas fuentes les van a decir que no. Hay que vivir con eso y seguir buscando otras versiones«, afirmó, al insistir en la importancia del trabajo documental para identificar nuevas fuentes.
Los estudiantes también preguntaron cuándo una investigación puede darse por concluida. Para Cordero, la respuesta está ligada a los tiempos editoriales, aunque recordó que una historia nunca se cierra del todo. «Las investigaciones periodísticas no necesariamente concluyen cuando sacas el primer artículo o cuando publicas un libro«, sostuvo, al explicar que muchas veces es después de la publicación cuando aparecen nuevos documentos y testimonios.
Otro de los temas abordados fue el proceso de edición. Bruno Rivas destacó el valor de trabajar junto a editores y coautores para enriquecer cada texto, mientras que Iván Herrera compartió una reflexión sobre el vínculo entre el autor y su obra una vez publicada: «El libro ya no es mío; el libro es de la gente«.



Hacia el final del conversatorio, el profesor Carlos Fuller preguntó cómo descubrieron cuál sería el principal aporte de sus libros. Las respuestas coincidieron en que ese valor no siempre se define desde el inicio, sino que termina revelándose durante el proceso de investigación y, finalmente, en la lectura que hace el público.
El intercambio cerró con una idea compartida por los tres docentes: escribir un libro de no ficción exige mucho más que talento para narrar. Requiere investigar con paciencia, contrastar cada dato y asumir que detrás de una buena historia siempre hay un reporteo capaz de sostenerla.



















