TIC TAC: El silencio de una comunidad que vive entre cortinas de hierro

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Escribe: Manuel Pablo Salazar

La demanda de Trump hacia la aplicación Tik Tok solo parece ser otra movida política de un Gobierno que se ha caracterizado por sus decisiones polémicas: se aproximan las elecciones y quiere afianzar su candidatura con aplomo frente a China. Sin embargo, las políticas de censura en torno al aplicativo no dejan de levantar suspicacias.

Todo comenzó en noviembre del año pasado, pero siendo justos habría que remontarse más atrás. Encubierto en la imagen de un superficial tutorial para rizar las pestañas, la estadounidense Feroza Aziz, encontró la clave para hacer pública su demanda: los uigures y los campos de reeducación. En el video se le aprecia, en apariencia, a punto de enseñar cómo usar el rizador de pestañas, pero de pronto empieza a relatar la tragedia que sufre la comunidad uigur en China, haciendo ademanes de seguir con el tutorial.

Los uigures son una etnia musulmana proveniente de Shinkiang, al noroeste de China. Desde 1949, en plena Revolución comunista china, esta región quedó bajo el control de dicho gobierno pese a haber declarado su independencia a inicios de siglo. Así comenzó un éxodo a países como Alemania, Estados Unidos y Suecia, que los dejaría solo como un 45% de la totalidad de la población en el presente, según la BBC. La censura no se hizo esperar.

Detrás del eufemismo, los campos de reeducación existen con la excusa de erradicar el terrorismo, pero en la práctica forzarían a los musulmanes a rechazar su religión: “campos de concentración en los que arrojan a musulmanes inocentes, separándolos de sus familias, secuestrándolos, asesinándolos”, denuncia Feroza en el video. La muchacha de New Yersey se refiere a las constantes desapariciones de los familiares de los uigures que han empezado a hacerse públicas en medios como la DW, El Mundo o La Vanguardia.

No es la primera vez que una red social es campo de crítica a los organismos del poder, pero sí es llamativo que, como Feroza, muchos usuarios de Tik Tok hayan sido bloqueados después de estas declaraciones. Por eso, ella lo divulgó en Twitter. Tik Tok dijo que el bloqueo se debía a un meme de Osama Bin Laden en su cuenta y nada más. Aun así, las grandes ausencias son hechos históricos como el de la plaza de Tiananmen (1989), la independencia del Tíbet o la represión hacia la minoría musulmana.


Todas las redes cuentan con mecanismos de censura de contenido, pero según The Intercept, Tik Tok los aplica contra personas “consideradas feas”, que reflejen “pobreza” o, por supuesto, discursos políticos que dañen el “honor nacional” o se refieran a órganos del Estado como la policía. Al respecto, el historiador israelí Yuval Harari ya se refirió a los mecanismos de control del gobierno chino, la “vigilancia hipodérmica” o totalitaria.

Con los notorios avances biométricos, señala, no solo se lucha contra la pandemia, sino que se podría tener también un registro emocional que legitimaría un férreo control de cualquier posible “amenaza” al régimen. Harari propone el futuro hipotético de una Corea del Norte en 2030, con pulseras biométricas las 24 horas: “Si al escuchar un discurso del Gran Líder la pulsera capta señales de ira, ya podemos despedirnos de todo.”

Ello no es descabellado tomando en cuenta los progresos científicos de países como China durante la pandemia por coronavirus. Entonces, ¿un gobierno puede regular una empresa privada a su antojo? O, aún más preocupante, ¿hasta cuándo será posible la crítica y el debate en una red social?
Mientras tanto, ¿a qué challenge nos enfrentamos?, aprovechemos que podemos.