Cada madrugada, cuando el sol aún no asoma en el horizonte, miles de hombres y mujeres ya están en movimiento. Sus rostros, curtidos por la brisa salada del Pacífico, reflejan esfuerzo y dignidad. Son los pescadores artesanales del Perú, quienes día tras día se lanzan al mar sin saber con certeza qué traerán de vuelta. Según el Ministerio de la Producción, hasta 2021 se estimaban más de 88.000 pescadores artesanales en todo el país.
Escriben: Alejandro Chahuara Galdos, Carlos Alegre Escobar, Gustavo Monzón Amaya y Mariana Inga Arévalo.
Su faena no solo alimenta a miles de familias peruanas; también preserva una tradición ancestral que moldea nuestra cultura, fortalece la economía y enfrenta desafíos tan vastos como el mismo océano.
La relación de los peruanos con el pescado va más allá del plato. Está presente en celebraciones religiosas como Semana Santa o la fiesta de San Pedro y San Pablo, durante las cuales el consumo de productos marinos se incrementa significativamente. Según PRODUCE, en 2024 el consumo nacional de pescado fresco durante Semana Santa aumentó a 8.645 toneladas métricas. El pescado también protagoniza el plato más representativo del país: el ceviche, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2004. Este ícono de la cocina peruana sería impensable sin el trabajo de los pescadores artesanales.



El pescado no es solo una elección de sabor, sino una afirmación cultural. “Por supuesto que forma parte de la identidad gastronómica peruana, porque somos un país costero y tenemos una diversidad inmensa de productos”, señala Jorge Pereyra, consumidor habitual del Mercado Artesanal de Chorrillos. Muchos clientes, como él, consideran que apoyar a los pescadores locales también es una decisión ética: “Estoy dispuesto a pagar más por pescado artesanal si sé que estoy apoyando a quienes viven de esta actividad. La pesca industrial muchas veces depreda el mar”, agrega.
En ciertas zonas protegidas por el Estado, la pesca está restringida. Según un informe del SERNANP de 2020, en la Reserva Nacional de Paracas solo existen derechos preexistentes de pesca artesanal. “Además, la pesca industrial depreda con todo, entonces no hay la reproducción que debería haber”, comenta Jorge sobre los cambios que ha notado.
Sin horario ni certezas
Sentado entre redes, con las manos marcadas por el trabajo y la ropa aún húmeda por la faena, Juan Oviedo representa al pescador artesanal. Trabaja en la costa de Chorrillos y así describe su rutina: “El día a día es venir a trabajar en la mañana, esperar en la playa con los amigos un rato y de ahí embarcarse. A veces no tenemos horario de salida ni de entrada. Uno puede salir en la mañana, agarrar pescado cerca y regresar a la caleta, o no encontrar nada y tener que esperar hasta mañana.”
Según el Reporte de Operación de Seguimiento de la Pesquería Artesanal del IMARPE, entre el 3 y el 9 de febrero de 2025 se registraron 2.340 viajes de pesca en el país.
¿La hora más temprana? “Cuando el pescado sale temprano, la gente sale a las 5 o 6 de la mañana. Cuando sale más tarde, salimos a las 8, 9 o 10. Incluso en la tarde, a la 1 o 2. No hay un horario exacto. Todo depende del mar”, explica Oviedo.
La pesca artesanal vive al ritmo incierto de las estaciones y festividades, donde cada día puede ser una oportunidad o una lucha para subsistir. Respecto a las especies más frecuentes, comenta: “Ahorita ha entrado el llanque.” Y sobre el verano: “Entra la cojinoba, entra la lorna… todo depende de la estación.”
Las ventas también fluctúan según el calendario: “En verano las ventas suben. Y en días festivos como San Pedro, la Virgen o Semana Santa nos acomodamos un poco. Pero cuando no hay festividades, el pescador sufre bastante. A veces te quedas con tu pescado, nadie lo compra y tienes que rematar para sacar algo para comer.”
El reporte del IMARPE (ROSPA N° 06) confirma que el 93 % del desembarque artesanal monitoreado se destinó al consumo humano directo.
Impacto y consecuencias
Cuando el océano hierve, la naturaleza ruge. Frente a las costas peruanas, el fenómeno de El Niño Costero se alza como una de las mayores amenazas para el equilibrio marino. Esta alteración ocurre cuando el mar se calienta por encima de lo normal, afectando profundamente los ecosistemas. Según el ENFEN, basta con que la temperatura superficial del mar aumente más de +0,4 °C durante tres meses consecutivos frente a Sudamérica para confirmar su presencia, explica Luis Vásquez, director general de Investigaciones en Oceanografía y Cambio Climático del IMARPE.
Este incremento no solo calienta el agua: reduce la disponibilidad de nutrientes, provoca la migración o desaparición de especies marinas y pone en riesgo los medios de vida de miles de familias. “El impacto de El Niño depende de su magnitud, duración y época del año en que se presenta. Es más severo si ocurre en verano que en invierno”, señala Vásquez.
Las consecuencias también se sienten en los mercados. “Hay especies que ya no existen y hay otras que están llegando, por el cambio climático”, comenta Jorge Pereyra.
Vásquez advierte que el cambio climático está provocando una mayor recurrencia de estos eventos, lo que impide que el sistema oceánico se recupere completamente entre uno y otro. “Esto genera serios problemas en los hábitats marinos, que quedan alterados de manera permanente o por largos periodos de tiempo.”
Una vista económica
La pesca artesanal representa un pilar económico para las comunidades costeras del Perú. Según la economista Mayra Córdova, esta actividad genera empleo e ingresos para miles de familias, impulsa el desarrollo local y contribuye a reducir la pobreza. Además de su impacto regional, el sector también aporta al Producto Bruto Interno nacional y asegura el acceso a alimentos esenciales.


