Un arma de doble filo: Tinder

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Los casos de dos jóvenes que apostaron todo por tener la cita ideal. Solo que olvidaron que estaban conociéndose por medio de una plataforma digital llamada Tinder. El desenlace de ambos chicos es sorpresivo.

Escriben: Carla Portocarrero y Vanessa Fernández

El amor, sobre todo en los jóvenes, es apasionante. Se vive intensamente. Sin embargo, esto se puede confundir con ilusión. Un sentimiento bonito, pero que no se sabe cuál será el desenlace de la historia. Sandra y Mario conocieron a sus  ‘match’ en una plataforma digital y su cita fue totalmente diferente a como la pensaron.

Sandra, una universitaria de 21 años se descargó la famosa aplicación Tinder como curiosidad para ver si encontraba a su chico perfecto. Pero, ¿por qué todos hablan de esta aplicación?  Es un medio diferente a las redes sociales que ya conocemos. Tinder tiene como finalidad formar parejas a través de un me gusta mutuo.

Ella entraba a revisar los perfiles de los chicos. Sin embargo, para ella todos eran feos y no cumplían con sus requisitos: alto con barba, ojos verdes, y rulos. A lo que Sandra denominaba “el hombre de sus sueños”.

Por fin logró ver el perfil de un chico con las condiciones que ella quería. No era exactamente tal cual, pero entre un ranking del 1 al 10 estaba en 7.5. Ella, por su parte, tuvo la iniciativa de darle me gusta para entablar una conversación. Sandra estaba decepcionada al ver que habían pasado un par de semanas y no había un ‘me gusta’ mutuo. Por ello, decidió cerrar su perfil en Tinder.

El like que tanto deseó

Pasaron cinco meses luego de ese suceso y por insistencia de una amiga lo abre de nuevo. Chequea y se da con la sorpresa que el chico, ese que tanto le gustaba hace un tiempo, le había dado ‘like’. Sandra sentía que él debía comenzar la conversación, se encontraba súper nerviosa esperando un saludo o un simple “hola”. Sin embargo, su amiga íntima, cansada que le cuente sobre el chico y no haga nada al respecto, decidió escribirle desde la cuenta de Sandra.

Alejandro le contestó a los cinco minutos. Entablaron una conversación. Hablaban todo el tiempo: día, tarde y noche. Tan efusiva estaba que hasta dejaba de tomar lonche a lado de sus papás, ya que prefería seguir hablando con él. Luego de comunicarse por un mes, decidieron encontrarse en Starbucks del Jockey Plaza. La primera impresión de Sandra fue: ¡Qué churro es!

Sandra y Alejandro estaban fascinados mutuamente, ambos se gustaban pero faltaba conocerse más. A los dos días del encuentro, el chico la invita a salir nuevamente, ella aceptó. Se vieron, hablaron, rieron y comieron como si no hubiera un final. Posteriormente, fueron a la casa de Alejandro y su mamá estaba ahí: ¡que nervios!, pensaba Sandra. Se pusieron a ver una película que terminó en un encuentro sexual. Ambos quedaron satisfechos de lo ocurrido.

Al día siguiente ninguno se habla. ¿La razón? Seguro cada uno tiene vergüenza en hablarse. Sin embargo, dos días después Alejandro toma la iniciativa y le escribe, todo mediante la aplicación, le pide su número y la llama. Antes de colgar la llamada, Alejandro la invita para que el fin de semana próximo se vayan a comer a un restaurante cerca al centro comercial La Rambla de San Borja.

El detonante

Al cenar, suena un celular. Era el de Sandra. Su ex llamaba repetidas veces. Ella no entendía por qué si ellos ya no estaban hace nueve meses. Alejandro se percató que alguien la llamaba, pero no pudo ver que era su ex, Andrés. Sin embargo, no contestó la llamada y siguió comiendo. Alejandro se olvidó del asunto y le dijo para ir al cine. Ambos se besaban y besaban. Luego él la vuelve a invitar a salir al día siguiente, sin embargo ella pensativa le dijo: “Déjame ver porque mañana tengo que acompañar a mi mamá a hacer unos trámites importantes, te aviso’’.

Ya en su casa, echada a su almohada por la noche pensaba que era lo que finalmente quería. La llamada de su ex la dejó pensativa. Además, sabía que Alejandro se estaba ilusionando con ella. Pero aun así volvieron a salir, solo que esta vez el joven acompañó a Sandra y a su mamá a la Reniec para que saque el duplicado de su DNI. Fiorella, la mamá de Sandrita, estaba encantada con Alejandro. Era simpático, tenía una linda personalidad, pero había un detalle:

“Mamá creo que ya no voy a salir más con Alejandro, siento que se está enamorando de mí y yo no’’, le dijo Sandra a su madre.

La mamá sorprendida no podía creer lo que le decía su hija. Para ella era el chico indicado, todo lo contrario a lo que era su ex, quien le sacó la vuelta. Sin embargo, Sandra no podía creer que su ex la llame después de tanto tiempo transcurrido.

Finalmente, Sandra choteó a Alejandro. Cada invitación era un rechazo de ella. Ese chico churro por el que se moría en un primer momento lo estaba ignorando. Prefería a los chicos que le hacían daño, era el masoquismo puro. No lo volvió a ver más. Desapareció del mapa para ella. Mientras tanto Sandra volvía a llamar a su ex a ver cómo estaba…

Con este caso uno puede percibir que las redes sociales –o aplicaciones- en ciertos momentos son tan relevantes para uno que prefieren ello que entablar una conversación entre la familia. Pues, como dice el psiquiatra David Haro, se está dando mucha importancia a los medios deshumanizando a la persona, ya que es la persona quien decide si descarga la aplicación o tiene una cita.

Tinder y el amor

Esta como otras historias de amor se puede encontrar en Tinder. Es el caso de Mario. Un joven de 25 años dedicado solamente a estudiar. Por insistencia de sus amigos de clases decide crearse un perfil en la plataforma.

Él, sinceramente, no tenía mucho interés en encontrar una pareja, este menciona que  “Tinder es para los necesitados de pareja”. Era un jueves como Mario lo recuerda y una chica de cabello castaño con una sonrisa “hermosa” le da ‘me gusta’ al perfil del joven estudiante. Este, por su lado, acciona de igual manera y entablan una comunicación.

El amor trae frutos

Fue el inicio de una historia que no tendría fin. Camila, era la chica que había tenido la iniciativa para charlar con Mario. La cual comenzó con “hola, ¿qué tal?”. Ambos se sentían atraídos de esas conversaciones interminables hasta que el otro se durmiera primero.

Una mañana Mario decidido invita a Camila a cenar a Papacho’s en el Jockey Plaza. Ella inmediatamente acepta. La velada fue perfecta, solo faltaba conocerse para saber que  el ‘clic’ era evidente.

Al mes, comienzan una relación, donde había mucha ilusión y ganas de que las cosas funcionen. Han pasado tres años desde aquel día y ambos recuerdan riéndose que Tinder ha sido “el cupido” que ambos necesitaban para creer en el amor. Hoy están a punto de dar el sí en una Iglesia rústica en Cieneguilla. Mario admite que se siente nervioso y que cuenta las horas para que Camila se convierta en su compañera de vida.

Como vemos, las redes sociales y aplicaciones te permiten conocer gente, pero uno no sabe si realmente  tendrá un buen futuro con esa persona o es algo momentáneo. Por ello, uno tiene que conocer a la persona conociendo sus actitudes, anhelos y afectos. El amor es así, es un juego de sentimientos, el cual hace que uno se emocione y piense que es lo mejor que le puede pasar, pero no siempre es como uno lo espera. Con la tecnología, las relaciones interpersonales físicamente quedaron a un segundo plano. Ahora, sobre todo los jóvenes, prefieren las plataformas digitales para comunicarse y posiblemente acordar una cita en la que no se sabe quién es el ganador o el perdedor.