Ollas comunes en pandemia: una práctica que resurge tras el hambre

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Niños a las afueras de la olla común “Nuevo Amanecer” (Foto: cortesía)

En respuesta al gran impacto económico por la covid-19, reaparecen las ollas comunes, conformadas en su mayoría por madres solidarias que cuentan con muy poco o ningún apoyo de los organismos estatales.

Escribe: Sidney Cornejo

Olla común “Nuevo Amanecer” Los Álamos, San Juan de Lurigancho

—¿Mamá, otra vez vas a salir?
—Mi amor, sí.
—Mamá, todos los días cocinas para ellos, ya no tienes tiempo para nosotros.

Le reclama Gerson a Rosa.

Rosa Olivares es madre de Kevin y Gerson, sus edades son de 20 y 13 años respectivamente. Ellos residen en el distrito de San Juan de Lurigancho, precisamente en la agrupación familiar Los Álamos, la cual forma parte de las zonas más vulnerables de la capital.

Rosa se levanta diariamente a las cinco y media de la mañana, prepara el desayuno de sus hijos, y minutos después se dirige hacia la casa del señor Vladimir donde realiza una olla común para abastecer a 120 personas. A las siete en punto, el desayuno está listo y la cola para este también. El menú varía entre quaker con pancito o quaker con cachanga, esto depende de las donaciones que recibe de los comerciantes del mercado. Después de repartir los alimentos, Rosa se dirige a su hogar para despertar a sus hijos y sin más, vuelve a partir, esta vez para elaborar el almuerzo. Al mediodía, ya se puede divisar una extensa fila de ancianos, madres solteras y niños que esperan ansiosos su segunda comida del día. A las tres de la tarde, acabada la distribución y la limpieza del lugar, Rosa retorna a su vivienda para cocinarle a sus hijos. Poco tiempo después, se encamina nuevamente a la casa del señor Vladimir para servirse a preparar unos tecitos con pan para la cena de los más necesitados de la zona. Después de culminar su labor solidaria del día, Rosa al fin puede descansar y reintegrarse con los suyos.


Rosa Olivares cumpliendo su labor humanitaria (Foto: cortesía)

“Yo trabajo como empleada del hogar y estuve en contacto con la señora que me brindó trabajo. Ella me preguntó cómo estaba la situación por aquí, y yo le comenté que aún no había venido ayuda del Estado. Ella inmediatamente me pidió una cuenta bancaria y me depositó 100 soles. Gracias a ella comenzamos la iniciativa”.

San Juan de Lurigancho es el distrito más poblado de Lima (1, 117, 629 habitantes). Está dividido en 18 comunas, cada una de las cuales contiene, además, unos 20 asentamientos.

Ante la inesperada pandemia del nuevo coronavirus, Rosa junto con otros pobladores de la zona: Vladimir, Yolanda, Vilma y Dionisia, observaron la desgarradora realidad de sus vecinos y se reunieron para ayudar. Se distribuyeron las tareas y nombraron a Rosa como presidenta de esta fraternal iniciativa. Con la donación de los 100 soles, la ayuda de un vecino que regaló 10kg de arroz, y el buen corazón de Vladimir que cedió su hogar para la preparación de la olla común, decidieron empezar esta noble causa.

“Con lo poco que tengo me alcanza para subsistir, lo que a mí me preocupa son mis vecinos. Quisiera tener más para darles a todos”.

Según un estudio del INEI en el 2019, la tasa de pobreza del país se ubicó en 20,2% (6 millones 564 mil 93 personas), que tienen un gasto per cápita mensual que no cubre el costo de la canasta básica (352 soles).


Victoria de 73 años, paciente de cáncer, recibiendo su desayuno en la olla común “Nuevo Amanecer” (Foto: cortesía)

El primer día entregaron el sustento de casa en casa, pero se percataron que era mayor el presupuesto que necesitaban porque tenían que comprar tapers descartables. Así que les avisaron a sus vecinos que bajen con su olla o su tapercito para ahí entregarles sus alimentos.

En el sector que vive Rosa, la crisis económica es extrema. La mayoría viven del día a día, son trabajadores informales, empleadas del hogar o taxistas. Según un estudio del INEI del 2019, 118 mil personas entre 25 y 44 años son empleadas informalmente. El empleo formal en el país es de 27,4% a nivel nacional, mientras que el empleo informal se ubica en 72,6%.

No solo está la historia de Rosa, líder de este grupo, también se encuentra Yolanda Sullcaray, quien también ha decidido no abandonar a su comunidad.

Yolanda tiene dos hijos menores, vive con su esposo en casi lo más alto del cerro, ella es la tesorera del grupo. Sin embargo, no se siente con autoridad dentro de la olla común, considera ser una mano más de ayuda.


Adulta mayor recibiendo su almuerzo (Foto: cortesía)

Antes de que iniciara la pandemia, ella no contaba con un trabajo estable, pero sus cachuelos la ayudaban a mantener a su familia. Desde que inició la pandemia ya no pudo salir más, fue ahí donde tomó la decisión de ayudar a sus vecinos.

“Yo me encontraba trabajando, pero cuando empezó la pandemia me quedé sin trabajo. Así que decidí formar parte de la olla común”.

A pesar de tener niños menores que exigen el tiempo de su madre, Yolanda dedica seis horas de su día a cocinar y limpiar para alimentar a la comunidad.

Estas valerosas mujeres, a pesar de no contar con muchos recursos, hacen lo imposible para conseguir entre 150 a 180 soles diarios y brindar así las tres comidas del día a ancianos, madres solteras y niños. No niegan que muchas veces han querido tirar la toalla, pero su corazón generoso siempre puede más y donde comen dos, comen 120.

“Varias veces hemos pensando en tirar la toalla, pero vemos alrededor muchas caritas tristes y seguimos, hasta donde Dios quiera”, comenta Rosa.

Medidas del Gobierno ante esta problemática

El 13 de julio, se lanzó un proyecto de ley 5764 que propone reconocer a las ollas comunes como organizaciones sociales de forma temporal. La propuesta es incluir esta labor en la ley 30790 donde se encuentran los comedores populares. Organismos que cuentan con un presupuesto mensual y tienen apoyo económico del Estado.

El 26 de julio la Municipalidad de Lima anuncia el proyecto social “Adopta una olla”, el cual tiene como fin que empresas o ciudadanos apoyen de forma económica a una olla común, para que esta trabaje en su autosostenimiento. Al momento, se han logrado capacitar a 76 ollas comunes y 204 están inscritas, se les ha entregado 34,967 raciones y 83 asentamientos humanos han sido asistidos según el portal web.

El 18 de septiembre se inaugura la web Lima te cuida, la cual brinda información detallada de las estrategias territoriales, como por ejemplo, charlas psicológicas, medidas de bioseguridad, pruebas de coronavirus, alimentos proporcionados, apoyo a las ollas comunes, trabajos de desinfección en hospitales y calles, etc.

El 24 de septiembre el alcalde de Lima Jorge Muñoz asistió a la primera entrega de la campaña “Adopta una olla” en Carabayllo. Hasta el momento, se han realizado cinco entregas de víveres de primera necesidad a los distritos de San Juan de Lurigancho y Villa María del Triunfo. Siendo la quinta entrega el Sábado 10 de octubre. Los centros comunales recibirán 16 toneladas durante un mes, esto es igual a 1,700 raciones.

Ante lo expuesto anteriormente, se puede concluir que sí hay un apoyo social por parte del Estado, pero hay carencias. Se evidencia una deficiente organización para distribuir los beneficios. Una debilidad que el organismo estatal posee frente a estas organizaciones sociales y su población.

El significado actual de las ollas comunes

Frente a este tipo de situaciones precarias, las ollas comunes intensifican su significado dentro de su localidad. Estos espacios de reunión solidaria son símbolo de empatía y de reconocimiento vecinal en su máxima expresión. No solo tienen como fin satisfacer las necesidades básicas de sus vecinos, a pesar de que estas mujeres también padezcan carencias, sino que también, toman espacios para el debate, la conversación, donde salen a la luz las necesidades de una comunidad y se da pie a un empoderamiento poblacional. Las líderes vecinales no cesan hasta que su pueblo sea visibilizado, escuchado y protegido económicamente.


                  Integrantes de la olla común “Nuevo Amanecer” (Foto: cortesía)

Es clave resaltar que el papel de las mujeres no solo se limita a abastecer y canalizar ayudas. Siendo estas también una población vulnerable, demuestran que el rol de líder no solo le pertenece a los hombres. Abriendo la posibilidad de un cambio en la percepción de la mujer tradicional ligada a solo preocuparse por los quehaceres del hogar y los hijos, y dando pase a la visión de una mujer autosuficiente y cabecilla de una organización. Se puede decir entonces, que las ollas comunes también son símbolo de empoderamiento femenino.

El resurgimiento de las ollas comunes, refleja la desesperación de una comunidad que demanda ayuda pública urgente.

Si quieres conocer más de la historia de Rosa y Yolanda, te dejamos aquí el siguiente reportaje.

¡No te pierdas nuestro podcast! donde interpretamos a más profundidad el significado de las ollas comunes y hablamos de sus inicios.

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