Recordar para no repetir

UPC

Olvidar jamás. A través de un recorrido por el LUM, revivimos un triste y devastador período de nuestra cronología. Visitamos la historia de “Mamá Angélica”, madre coraje que vivió hasta el final luchando por encontrar a su hijo.

Los restos de los 26 comuneros de Llacchua, víctimas de Sendero Luminoso, son cargados en hombro por sus familiares para llevarlos a su última morada después de 20 años.

Foto: Andina
Escribe: Dueyn Cárcamo

El terrorismo es un mal que nos ha afectado, afecta actualmente y aún amenaza con la seguridad de ciudadanos alrededor del planeta. Debido a esto la ONU declaró en 2017 el 21 de Agosto, el Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo. Hace casi dos décadas nuestro país se vio sumergido en la oscuridad y la violencia. Hoy tenemos el privilegio de poder mirar hacia atrás y recordar el conflicto armado interno como un suceso pasado, uno que marcó la historia patria. Más de 69 000 personas fueron víctimas tras los 20 años del terrorismo en el Perú, una cifra que representa la más trágica y fatal de nuestros 198 años de vida independiente.

Uno de los desparecidos fue Arquímedes Ascarza Mendoza, quien fue tomado en contra de su voluntad un 12 de Julio de 1983 por el Ejército Peruano, según cuenta su madre Angélica Mendoza. “Mama Angélica” fue símbolo de coraje y esperanza, pues creó la Anfasep (Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú). Ella se levantó contra las Fuerzas del Estado y Sendero Luminoso, siendo una mujer anciana y quechua-hablante, con nada más que sentimiento y desesperación por volver a ver a su hijo.

El LUM (Lugar de la Memoria, Tolerancia e Inclusión Social) hizo un recorrido en honor a esta madre coraje y contó con la presencia de su hija, Carmen Ascarza Mendoza. “Cuando mi madre dijo que estaba resentida con los peruanos se refería a la indiferencia. Cuando vinimos a Lima a buscar justicia nos preguntaban: ¿De dónde son? ¿De Ayacucho? Ah, son terrucas. Los congresistas nos tildaban de terrucas. Nadie nunca nos ha dado la voz.” Cuenta cómo su mamá entregó todo lo que le restaba de vida para luchar por todos los desaparecidos. No importó si es que era revictimizada una y otra vez por la sociedad o las autoridades. Por ello, la muestra en el LUM desarrolló una línea del tiempo por el martirio de Angélica. Incluso cuenta con un video en el que ella misma narra su testimonio y el desgarrador proceso en su búsqueda de justicia.

 

Carmen Ascarza Mendoza cuenta a detalles la experiencia de su vida como la de su madre durante el período de terror frente a todos los asistentes.

(Foto: Dueyn Cárcamo)

 

“Yo creo que el Lugar de la Memoria es donde se recuerdan las cosas que ocurrieron y fueron por el mal camino. Aquí se defienden los derechos humanos y recordamos que estos se deben respetar, sea quien sea, porque todos somos ciudadanos”, acota Manuel Burga Diaz, director del LUM.

LUM

Asistentes escuchan muy atentos el testimonio de Carmen Ascarza Mendoza.

(Foto: Dueyn Cárcamo)