Donde hubo fuego, cenizas quedan

Periodismo

Las lomas de Amancaes no son las mismas que antes. El lugar que inspiró a Chabuca Granda a componer uno de sus valses más representativos, José Antonio, se está extinguiendo poco a poco.

La belleza del Rímac. En agosto, las lomas de Amancaes dejan relucir su belleza natural. Foto: Luz Mateo

Escribe: Andrea Ramírez
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“Por una vereda viene cabalgando José Antonio, se viene desde Barranco a ver la flor de Amancaes…”  La eterna Chabuca no solo le cantaba al chalán. Sus letras hacían homenaje a aquellas lomas del Rímac que acogían a los limeños jaraneros de antaño. Cada 24 de junio, la pampa verde se llenaba de música, bailes y mucho trago. El espectáculo era increíble y no solo por los invitados. En esta zona nace la flor de Lima hasta el día de hoy. Su amarillo brillante y el verde campo por el cual se extiende, hace que la flor de Amancaes luzca como gotas de sol que han caído del cielo. En la actualidad, están en peligro de desaparecer debido a las constantes invasiones.

Pero no todo parece perdido. Un grupo de mujeres defienden la vida silvestre de Amancaes y luchan contra el tráfico de terrenos que se da en las lomas. A pesar de su persistente batalla, su labor está a punto de colapsar por la falta de apoyo que reciben de las autoridades y las constantes amenazas a las que se exponen.

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