Familiares en busca de la respuesta que nunca llega

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El grupo de Facebook “Mujeres Desaparecidas Perú” fue creado por una activista para difundir alertas, ante la falta de respuestas por las autoridades responsables.

Solsiret Rodriguez desapareció en el 2016, fue encontrada muerta 4 años después y aún no se condena a los responsables. (Foto: Facebook Mujeres desaparecidas Perú)

Escribe Cayetana Carrillo

En el 2016, la joven feminista Katherine Soto vivió un momento sumamente dramático cuando una amiga y compañera activista desapareció sin dejar rastro. El caso de Solsiret Rodriguez involucró tanto a Katherine, que se vio en la necesidad de fundar “Mujeres desaparecidas Perú”. “Me di cuenta de que no era solamente el caso de Sol. Cuando uno empezaba a buscar respuestas en las redes sociales o simplemente colocando desaparecidas en el buscador, se termina enterando de múltiples alertas y casos reportados de niñas y de mujeres, (…) Así inició todo esto, a partir de idear un espacio de búsqueda.”

La mala gestión por parte de las autoridades responsables ante las desapariciones de mujeres y niñas en el Perú ha dado como consecuencia que activistas y familiares se vean en la necesidad de recurrir a otras alternativas. Esta organización busca justicia respondiendo ante la alerta de familiares y amigos de las víctimas, exigiendo normativas y políticas nacionales que atiendan esta problemática.

La Defensoría del Pueblo en su Reporte de Igualdad y No Violencia de julio de 2020 señala que en lo que va del año, la cifra de denuncias a nivel nacional entre enero a julio asciende a 2,965. Cada dos horas una mujer adulta, adolescente o niña es reportada como desaparecida en Perú.

Este fin de semana la noticia de Marleny Estrada despertó la indignación de todos. La joven que llevaba dos meses desaparecida fue hallada enterrada dentro de su casa en San Juan de Lurigancho el sábado. Segundo Apaza, expareja de Marleny con quien convivía y tenía dos hijos, es el principal sospechoso del crimen. Apaza se encuentra desaparecido hasta el momento y se ha llevado con él a sus hijos de ocho y tres años. Katherine asegura que son estos hechos los que generan impunidad, la inacción de las autoridades y los trabajos negligentes.

El presidente del Consejo de Ministros, Walter Martos, anunció el 11 de agosto la puesta en marcha del Registro Nacional de personas desaparecidas. Ante el aumento de cifras de mujeres desaparecidas durante la cuarentena, indicó que este sistema de búsqueda “permitirá movilizar a la Policía a nivel nacional para ubicar a las mujeres que habiendo presentado indicios de violencia desaparecieron, así como brindar el acompañamiento necesario a los familiares”. Además, indicó que “la Línea 100 incrementó el número de profesionales (…) registrando a la fecha más de 100 mil llamadas, en su mayoría realizadas por mujeres”, pero estas medidas parecen no ser la solución al grave problema y los casos siguen multiplicándose.

Publicaciones como “Hoy se cumplen 4 años y 4 meses tras el registro de la desaparición de Estefany Díaz Acosta, Yamile y Tatiana, en el distrito de Mi Perú, #Ventanilla. Las investigaciones no avanzan y su madre @Patricia Acosta sigue en la lucha diaria.”, son las que se comparten en el perfil de “Mujeres desaparecidas Perú”, un pedido desesperado por parte de los familiares, de alguna señal o indicio de donde están sus seres queridos.

Por otro lado, Eliana Revollar, adjunta para los Derechos de la Mujer de la Defensoría del Pueblo, expresó para BBC Mundo que con la llegada del coronavirus a Perú se puso en pausa la “deficiente” búsqueda que ya por entonces se hacía de mujeres desaparecidas.” Según ella, se trata de una “epidemia silente” que ya afectaba al país antes de la llegada del covid-19.

Los familiares y amigos de las víctimas no tendrían que recurrir a espacios como “Mujeres desaparecidas Perú” si los sistemas de denuncia y búsqueda fueran eficientes y las autoridades le dieran a esta problemática la importancia que amerita. Son iniciativas como las de Katherine las que dan un poco de esperanza a las familias, utilizando herramientas alternativas como las redes sociales.