Peruanos de corazón, no de nacimiento

UPC

Lapadula está cerca de ser anunciado como convocado y lo que se pone en tela de juicio es que propicia su ambición por venir a jugar las eliminatorias si la identificación con el país de su madre o las ganas de colaborar para que el éxito de la selección crezca y por ende, el suyo también. A partir de esto, recordamos a los jugadores nacionalizados que defendieron nuestra camiseta con orgullo.

“Perú campeón, Perú campeón, es el grito que repite la afición”, letra conocida y que abre nuestro diafragma nacionalista de orgullo por nuestra selección ¿Verdad? Justamente ese nacionalismo es el que muchas veces admite penales fallados, goles anulados, desenvolvimientos poco acertados y decisiones equivocadas en el campo de juego, pero lo que no se admite es que no se sude esa camiseta blanca y roja que nos identifica como lo que somos: peruanos.

Es en este contexto, personajes como Gianluca Lapadula regresan a nuestra memoria colectiva, a nuestra lengua venenosa y una esperanza latente para debatir sus capacidades, para reprochar sus decisiones y para prestar la atención ante una posible convocatoria del delantero concebido por una madre peruana y un padre italiano. Todo este proceso de nacionalización e identificación de documentos para que sea un peruano más nos hace regresar el paladar futbolístico hacia una época lejana e impensada para hinchas novicios, pero referenciada y digestada por los hinchas veteranos. Una época en la que los jugadores nacionalizados decidieron entregarse física y mentalmente ante un pueblo de tres regiones que los regocijo en el fenómeno más rico de consumir en nuestro país: el fútbol.

“Le tapé un penal a Chilavert”

De seguro no recordamos que el arquero paraguayo Jose Luis Chilavert, despota dentro del gramado verde como él solo era, cuenta con 102 goles en su historial, pero yo sí recuerdo que pudo haberle agregado a su récord histórico un grito de anotación más, no lo hizo, si recuerdo en cambio que lo calló un argentino, otro arquero claro, Oscar Ibañez es su nombre. Por ahí en cualquier mesa, en la que te sientes en donde se ama el fútbol tanto como aquí, te contarán que en ese partido por las eliminatorias para el Mundial Corea- Japón 2002 un desequilibrante Roberto Palacios se volvió el abanderado de una frase: “TE AMO PERÚ” ¿Pero por qué amamos tanto el gol y no la tapada de Ibañez?

Vamos, no seamos mezquinos. Ante un disparo tan potente desde los doce pasos solo los valientes sacan el balón con la rodilla, recurso válido cuando las manos están lejos. Pues fue así, un zurdo desencadenado de aproximadamente 95 kilos disparó y se encontró con una rodilla derecha decidida al triunfo, todo esto reflejado a su vez en el marcador, fue victoria para Perú. Ese es mi recuerdo más claro de Oscar Ibañez, a quien también vi levantar la Sudamericana con Cienciano del Cuzco, le ganó a River de su país natal, pero esa es una historia que engrandece el hecho y la suerte de que decidiera adherirse al Perú.

Un loquito mundialista

Tuve la suerte de tener un familiar que jugó en la profesional, era arquero y me contó que salir a cortar pelotas aéreas es complicado si no tienes técnica y buena visión. A veces me imagino que eso es pan comido para los grandes, veo a Manuel Neuer, a Keylor Navas o incluso al inacabable Buffón, salen a cortar rápido. Ahora ¿Te los imaginas con la viveza sudamericana? Esa picardía solo la tiene un arquero que se sabe todas. No lo disfruté, no lo gocé, pero me lo contaron y en videos he intentado sumarme al viaje de esa época cuando por sus “chispesas” Perú sacaba ventaja ante rivales complicados. Ramón Quiroga, el loco le decían, hoy tú te ríes por sus chistes en el programa “Al Ángulo”, pero no caigas en la sutileza e ignorancia de llamarle panelista, tienes que saber que jugó mundiales.

Mundial 1978, buzo verde, penal tapado, Escocia no pudo con Ramón. Aquella cita mundialista Perú llegó a cuartos, un contraste poco alentador fue que el arquero de Sporting Cristal tuvo que ver como su valla fue sobrepasada por una Argentina comandada por Mario Kempes. Una humillación sin duda. Se habló mucho de aquel partido, se teorizó de que no hubo compromiso y que muchos jugadores se “voltearon” a favor del conjunto gaucho. El loco fue acusado de ser el principal culpable. Una vez más la mezquindad atacaba, por ser de Rosario ( Provincia de Santa Fe) en Argentina fue criticado, se pensó que su natalidad jugó a favor del resultado adverso.

¿Todos son generales después de la guerra verdad? Todos somos periodistas y críticos cuando acaba el partido. La validación de los hechos fue más clara y el horizonte hizo que nuevamente Quiroga demuestre su compromiso para el Mundial de 1982 celebrado en España. Nuevamente traspiés hicieron que Perú no pasase la primera ronda, pero el “loquito” supo demostrar el amor a la bandera y que a veces más fácil es tapar un balón con dirección a portería que los propios oídos cuando te ataca un compatriota. Ramón convivió con eso y es uno de los jugadores de la selección más representativos y respetados en la actualidad.

Samba criolla

En el año 1991 un joven llamado Julio Cesar de Andrade Moura llegaba al Perú para vestir la camiseta del conocido “Defensor Lima”. Él era brasileño y deleitaba a la audiencia peruana con un juego de habilidad y velocidad, típico de los futbolistas de su país. Años más tarde, sería una sorpresa para todos que se enfrentaría a la selección de Brasil, pero vistiendo la casaquilla del Perú, y es que Julinho, como lo conoce la esfera pública, participó en el proceso eliminatoria para Francia 1998, jugó 12 partidos y pudo marcar 2 goles.

Lamentablemente, no puedo disputar una cita mundialista y las lesiones no lograron que llegase al proceso de Corea- Japón. Aun así siempre será recordado por llegar a la final de la Copa Libertadores con el Sporting Cristal de Markarian, se le escapó el título contra Cruzeiro ¿ Cosas de la vida verdad? Se cruzaba mucho con Brasil y nunca sucumbió ante la canarinha.

No quedó en el pasado

El último caso conocido de un jugador nacionalizado que se hizo un espacio en una lista de la selección fue Horacio Calcaterra, jugador del Sporting Cristal. Ricardo Gareca confió en él para los amistosos con las selecciones de Holanda y Alemania, y aunque solo participó en un encuentro pudo demostrar sus cualidades futbolísticas como el cuidado del balón y el pase seguro. Hoy el peruano no perdona, y sabe que el nacionalizado debe tener una intención que vaya más relacionada a la pasión que al éxito, es por ello, que intentamos establecer una línea entre el estado futbolístico de Santiago Ormeño o de Gianluca Lapadula con respecto a sus ganas de jugar por Perú.

Sin duda alguna el comando técnico no pasa por alto el rendimiento de los extranjeros que hoy por hoy tienen un buen rendimiento en sus clubes y que aún más importante, muestran una intención de ser convocados por Perú. Cabe resaltar que el equipo está bien conformado, afiatado y comprometido, lo que hace que el nivel de competición interna permite que existan muy pocos cambios en cuanto a los nombres que podrían vestir la camiseta blanquirroja.

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